Paraíso rural Ávila

Caminar desde Ortigosa: el río Almar y los Cantos Blancos

Orilla de un río pequeño con árboles de ribera y piedras de granito, junto a un sendero de tierra

En Ortigosa de Rioalmar no hay rutas con paneles y flechas de colores. Hay caminos de tierra, cercas de piedra y un río, y con eso se llena una mañana entera.

Esto no es una guía de senderos. No vamos a daros kilómetros ni desniveles que no hemos medido. Contamos cómo se sale a andar por esta parte de la Sierra de Ávila y qué mirar por el camino, para que cada uno elija según las piernas y el día.

El río

El Almar pasa junto al pueblo —de ahí el «Rioalmar» del nombre— y sigue hasta juntarse con el Tormes. Por sus orillas crecen árboles de ribera que en otoño se ponen amarillos y en verano dan la única sombra seria del paisaje. Andar río abajo o río arriba, por los caminos que se acercan a la orilla, es el paseo más fácil y el que más cambia de una estación a otra.

En primavera se oye antes de verse. A finales de verano a veces casi no corre, y entre las piedras del cauce quedan charcas donde se ven renacuajos, zapateros y alguna culebra de agua que no hace daño a nadie.

Los Cantos Blancos

Así llaman en el pueblo a un paraje de piedra que la propia web del municipio cuenta entre lo que hay que ver. Es campo abierto, granito y luz. Preguntad a cualquier vecino cómo se llega: es la manera más rápida, y de paso alguien os contará algo del sitio que no viene escrito en ningún lado.

Hasta Manjabálago

Los dos pueblos del municipio están cerca, y entre uno y otro se va por campo. Ir a pie a ver la iglesia de San Miguel y la fuente de la calle Rectoral, y volver por otro camino, es una salida redonda de media jornada. Si alguien del grupo prefiere no andar, que vaya en coche y os espere allí con el termo de café.

Normas del campo que nadie escribe

Casi todo el terreno alrededor de los pueblos es de alguien. Los caminos son públicos, las fincas a los lados no. Unas cuantas reglas que en la sierra se dan por sabidas:

Cuándo salir

De junio a septiembre, temprano o al caer la tarde. El sol de mediodía en campo abierto, con pocos árboles a mano, cansa más de lo que parece desde la sombra de la casa.

En invierno es al revés: las mañanas son de helada y la mejor hora va de las once a las cuatro. Los caminos de tierra, después de varios días de lluvia, se vuelven barro pegajoso, así que mejor botas que zapatillas.

Primavera y otoño son las dos buenas. Hay agua en el río, color en los árboles y temperatura para andar a cualquier hora.

Qué llevar en la mochila

Agua de sobra, algo de comer, una capa por si cambia el tiempo y el teléfono cargado con el mapa de la zona ya descargado. La cobertura en el campo es irregular. Y una bolsa para traer de vuelta lo que se lleva, que en la sierra no pasa el camión de la basura por los caminos.

También en esta web: Estrellas y pájaros: la sierra a las horas en que no hay nadie