Paraíso rural Ávila

Estrellas y pájaros: la sierra a las horas en que no hay nadie

Cielo nocturno lleno de estrellas con la Vía Láctea sobre la silueta de una encina y unas lomas oscuras

Lo mejor de dormir en un pueblo pequeño de la Sierra de Ávila pasa a dos horas que casi nadie aprovecha: justo antes del amanecer y bien entrada la noche.

Para ninguna de las dos hace falta equipo caro. Hace falta salir de la casa, alejarse un poco de la última farola y tener paciencia, que es lo que más escasea en un fin de semana fuera.

El cielo de noche

En una ciudad se ven unas pocas estrellas. En Ortigosa de Rioalmar, en una noche despejada y sin luna, se ven tantas que al principio cuesta encontrar las constelaciones que uno conoce. Es el efecto de estar lejos de cualquier ciudad grande, con muy pocas luces alrededor.

Lo primero es mirar el calendario lunar antes de reservar. Con luna llena el paisaje se ve casi como de día, precioso para pasear, malo para las estrellas. Las mejores noches son las de luna nueva y los días de alrededor.

Lo segundo, dar tiempo a los ojos. Al salir de una habitación con luz no se ve casi nada; a los veinte o treinta minutos de oscuridad el cielo cambia por completo. Cualquier pantalla encendida, aunque sea un segundo, os devuelve al principio. Por eso las linternas de los aficionados tienen luz roja, que estropea menos la vista.

Qué buscar

En verano, la Vía Láctea cruza el cielo de una punta a otra, y en un sitio así se distingue sin ayuda como una franja blanquecina con manchas oscuras. A mediados de agosto llegan las Perseidas, la lluvia de estrellas más conocida. Se ven mejor después de medianoche, tumbados y mirando a una zona amplia del cielo, sin buscar un punto fijo.

En invierno el cielo es más nítido y hace mucho más frío. Orión domina las noches de enero, y a mediados de diciembre están las Gemínidas, menos famosas que las de agosto y a menudo igual de generosas. Para esas noches: ropa de nieve, un termo y una silla de playa reclinable.

Unos prismáticos normales enseñan los cráteres de la Luna, las cuatro lunas más grandes de Júpiter como puntitos en fila y cúmulos de estrellas que a simple vista son una mancha.

Los pájaros del amanecer

La otra hora buena es la contraria. En la última media hora antes de salir el sol, el campo se llena de cantos que a mediodía ya no se oyen.

En las sierras de encina del oeste de Castilla hay pájaros que cualquiera reconoce después de verlos una vez. La abubilla, con su cresta naranja y su canto de tres golpes. El rabilargo, azul pálido con capirote negro, que va siempre en grupo y hace ruido. Las cigüeñas blancas en los campanarios de muchos pueblos de la provincia, desde finales de invierno hasta el verano. Y en el cielo, en cuanto calienta, rapaces planeando en círculos sobre los prados.

De noche, si hay suerte, un mochuelo en un tejado o en una pared de piedra, con su silbido corto que se repite.

Cómo mirar sin espantar

Quietos y con la ropa más apagada que tengáis. Un pájaro se asusta del movimiento mucho antes que del color, así que lo que funciona es sentarse en un sitio con vista amplia, por ejemplo junto al río Almar o en el borde de un prado, y esperar diez minutos sin moverse.

Una guía de aves de bolsillo o una aplicación de identificación por el canto ayudan a poner nombre a lo que se oye. Dejad el móvil en silencio y sin reproducir cantos en voz alta: confunde a los pájaros y, en época de cría, les hace gastar fuerzas que necesitan para otra cosa.

A la vuelta, desayuno en la casa. Para entonces el pueblo empieza a despertarse y vosotros ya habéis visto lo mejor del día.

También en esta web: Caminar desde Ortigosa: el río Almar y los Cantos Blancos